326 - Rutinas y miradas.

Parece ser que los estonios son grandes defensores de las rutinas, y no me puede hacer más feliz. Hacia años que no disfrutaba de tanta constancia en mis horarios, como ir religiosamente al gimnasio a las seis de la tarde o leer y escribir antes de dormir.


Y es que más allá de lo mucho que disfruto de mi rutina, empiezo a encontrar cierta paz y alegría en pequeños detalles como cruzar miradas con las mismas personas. Todas las mañanas las mismas personas descargan en el mercado de mi casa, me cruzo con la misma pareja en el semáforo de Rävala y en el gimnasio me devuelve la sonrisa la misma rubia.


Es cierto que esas sonrisas del gimnasio se llevan produciendo poco más de una semana, y por mucho que vayamos coincidiendo en cada sala del gimnasio con un cariñoso “can’t get rid of you, huh?” aún no nos hemos presentado. Tal vez mañana debiera quitarme los cascos cada vez que compartamos la zona de remo, pero no soy muy fan de perder el tiempo en el gimnasio. Aunque claro, algún amigo mío me diría que ligar es casi tan beneficioso para el corazón como hacer cardio.


Bromas aparte, hay algo que me está llamando la atención de este primer mes en Estonia, y es la cantidad de sonrisas y miradas recíprocas con las que me topo. Y no os voy a engañar, no es que las estonias sean más guapas que las españolas y vaya sonriendo más, sino que parece que no tienen ese odiosa seriedad de careta que tanto se ve en Madrid. Pocas veces me han devuelto una sonrisa en un semáforo en Serrano, y aquí en Tallin ya llevo una decena.

Puede que todo sea fruto mi careta de guiri. Puede que sea de los pocos mediterranéos por aquí, y puede las estonias estén cansadas de los ojos azules y busquen perderse en la oscuridad de unos castaños. Pero en mi humilde opinión creo que la diferencia es cultural, y la mujer española (en la gran mayoría de los casos) no se presta al juego de las miradas, al menos al principio.


Hace unos meses escribía que me gustaba ir en moto por Serrano jugando con las miradas de los semáforos, y quién me iba a decir a mí que las miradas cómplices y divertidas estarían en Tallín.


Martes 5 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 326




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