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  • Foto del escritorCarlos Pinedo Texidor

891 - Paseo y cena con amigos.

Muchos fueron los que me advirtieron que eso de tener un perro me iba a cambiar la vida. Los perros, animales que llenan el hogar de felicidad, son una responsabilidad que para muchos es evitable. Los objetores de los canes a menudo alzan la bandera de lo individual. Advierten al dueño del perro que su vida va a cambiar para siempre. Que las opciones sociales se ven limitadas y que uno ya no puede vivir su vida en libertad.


Me pregunto que es lo que hace tan insufrible la decisión de incluir en tu vida un animal leal y noble. Mi vida no ha cambiado en esta semana junto a Paco. Mi rutina sigue siendo la misma, y me atrevo a decir que hasta disfruto más de ella porque puedo compartir con mi querida Mer la responsabilidad de cuidar de un pequeño cuadrúpedo que nos agracia con su cariño a cambio de nuestra reciprocidad.


Podría decirse que mi vida con Mer antes de Paco era tranquila. Disfrutamos de los paseos y de las horas de lectura. Yo dedico decenas de horas a la escritura y ella a sus sopas de letras y sudokus. Pasamos horas sentados a la luz de las velas mientras cada uno bucea en el libro de turno. Vivimos por y para la vida familiar. Razón por la que un perro no altera nada de lo que hemos construido, es más, lo mejora.


Hoy hemos pasado tres horas al aire libre con nuestro querido Paco. Un largo paseo por Tallinn que ha culminado en un maravilloso aperitivo en casa con Naj y su amiga mientras Paco, agotado por sus carreras en la nieve, dormía plácidamente la siesta. 


Sábado 21 de enero de 2024

Tallinn, Estonia 

Recuerdo #891




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