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  • Foto del escritorCarlos Pinedo Texidor

591 - Felicidad tras una pelota.

Me gustaría saber escribir como Fontanarrosa, poder explicar en forma de breve cuento todo lo que siento cuando me ato las botas y salto al campo. Me gustaría saber explicar la felicidad que me recorre cuando persigo una pelota para así volver a estos textos cuando la vejez y la pérdida memoria me acechen.


Quiero saber que fui feliz en mi juventud. Que eso del deporte iba mucho más allá, y que tuve que emigrar a tres mil kilómetros de casa para reencontrarme con el amor de mi vida. Me gustaría dejar aquí escrito que estar lejos de mi grada, de ese descampado que ahora llamamos Metropolitano, es algo doloroso, pero que sobrellevo con mis galopadas por la banda.


El fútbol es un amor incondicional, una sufrida relación que te jode y hace la vida imposible. Un amor tóxico que te exige todo a cambio de muy poco. Pero ¡ay!, ese poquito que te devuelve es la mayor recompensa que existe.


No sé muy bien cómo explicar que mientras escribo esto un cariñoso escalofrío recorre mi cuerpo. Mis aquejados tobillos se resienten, y en la resaca de un partido duro y nevado encuentro paz.


He vuelto a jugar al fútbol, he vuelto a ser parte de un equipo. Estonia me ha acogido, me ha abierto las puertas de su maltratado fútbol. Comienzo a ver la luz al final del túnel, y con un tornillo de cinco centímetros en mi pie izquierdo por fin sé (a falta de confirmar dorsal) que voy a volver a competir.


No sé qué posición me espera, hoy vuelto a mi añorado lateral derecho, treinta minutos de pura alegría que han sido más que suficientes para entender que por mucho que me maltrate el fútbol, por mucho dolor que me acompañe en mis noches monacales, mi corazón pertenece al verde.


Domingo 26 de marzo de 2023

Tallin, Estonia

Recuerdo #591



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