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  • Carlos Pinedo Texidor

478 - Cena de navidad.

En el país más ateo del mundo la Navidad se sigue celebrando. Y aunque está claro que las celebraciones del solsticio de invierno se remontan milenios antes del nacimiento de Jesús, es cuanto menos curioso compartir mesa en esta época. No solo me impresiona celebrar por primera vez el mes de diciembre a miles de kilómetros de casa, también el hacerlo junto a dos turcos y una estonia.


Creo que fue hace algo más de mes y medio cuando fijamos la fecha. Tal vez fuera en aquel viaje a Helsinki o en alguna cena en casa de alguno de los comensales. Pero la realidad es, que acabamos cenando en una especie de celebración de la vida y de los nuevos comienzos. Incluso para la estonia, vivir en Tallin es un comienzo lejos de su Rapla natal. Y, para los dos turcos y para el madrileño que escribe esto, vivir en Tallin ha supuesto una calma que en nuestros respectivos países no parecíamos encontrar. Estambul no es tan distinto de Madrid, y los cerrados y homogéneos grupos sociales causan la misma pereza y cansancio.


Pero más allá de los motivos por los que cada uno de los que ayer nos citamos en mi casa de la calle Jakobi, hoy toca hablar de la amistad y de lo que supone traer el mediterráneo moral a una mesa de navidad. Porque claro, los turcos algo entienden de eso de vivir la vida al paso, y la estonia cada día está más convencida. Pero del entendimiento a la celebración hay un paso que de ahora en adelante espero seguir celebrando el primer sábado de diciembre.


Ayer dos turcos, una estonia y un español cocinaron y celebraron la Navidad, o en términos del país más ateo del mundo, la llegada del solsticio de invierno que entre otras cosas supone, el haber sobrevivido la primera mitad del invierno en el Báltico.


Sábado 3 de diciembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #478












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