389 - Un nuevo vicio.

Hace algo más de de una semana acabé a eso de las tres de la mañana trasteando con una mesa de mezclas en la terraza de mi oficina. Y en ese runrún posterior del que hace algo que siempre soñó, resurgió una pequeña espina que desde hace años me acompaña.


Por azar o por providencia divina nací con una obsesión por la música que considero muy especial, sin embargo no nací con el don del canto, y para un escritor amante de la música, no hay mayor dolor que querer cantar lo propio y no poder.


En ese razonamiento surge hace algo más de diez años mi primera obsesión con una mesa de mezclas, algo que nunca se ha materializado, por falta de tiempo, de ahorros, o por dudar de mi compromiso. Ahora, a las puertas del invierno báltico, y con una jornada laboral que me permite disfrutar de mi tarde, sueño con retomar esa espina clavada, y al igual que con el longboard, poder hacer feliz a ese Carlos de catorce años que aún llevo dentro.


Ahora escribo esto con mi primera lista de una veintena de canciones para mezclar, y es que he decidido comprarme una DDJ-400. Un pequeño juguete para principiantes que he logrado encontrar en una recóndita tienda online y que debería ir a recoger el viernes.


No sé muy bien si voy a saber pinchar con la misma facilidad con la que escribo y patino. Tal vez logré compensar mi imposibilidad para cantar, pero hasta que eso ocurra, solo puedo acordarme del día de hoy como el día en el que nació un nuevo vicio. Y junto a la escritura, la fotografía, la lectura, el deporte, el Atleti, patinar y la música, espero que mezclar acabé siendo un elemento más que me acerque a ese hombre renacentista que alguno se empeñan en ver en mí.


Martes 6 de septiembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #389



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