349 - Picaresca laboral.

Escribo esto desde el aeropuerto de Tallin. Hace seis horas que debería haber subido al avión que me llevaría a Estocolmo y luego a Mallorca, pero una huelga de pilotos me ha hecho cambiar de planes. A la una pongo rumbo a Múnich, y de ahí a mi querida isla.

Este recuerdo no podré publicarlo hasta que pise suelo balear. Nadie de mi familia menos mi padre y mi hermano saben que voy a la isla. En unos días se celebra la Virgen Blanca, y no podía perdérmelo. Así que gracias a la flexibilidad de mi vida estonia trabajaré toda la semana que viene con vistas al mediterráneo.


Tal vez esta pequeña introducción ayude a entender mi día de ayer. Día en el que por primera vez tuve que tomar las riendas y sentar a todos mis compañeros de trabajo para explicarles la importancia de la protección de datos en nuestra línea de negocio. Si me hubieran preguntado hace varias semanas apenas habría sabido distinguir los derechos de los usuarios, pero como buen mediterráneo y pícaro colchonero, se me da muy bien salir del paso.


Todo lo relativo a la protección de datos es aburrido, es un infinito mundo de jurisprudencia y opiniones doctrinales dispares que tienen como eje central la tan caótica normativa europea. Sin embargo, hay una gran ventaja en lo soporífero del tema, y es que si se explica con mimo, y con las palabras suficientes para que un niño de cinco años lo entienda (copiando el “explain it to me like I’m five” de Reddit) acaba siendo una experiencia divertida.


Ayer acabé impartiendo dos formaciones de protección de datos, y ese gusanillo por la docencia a vuelto a despertar en mí. Aunque con las caóticas semanas que tengo por delante no puedo pensar en otra cosa que no sea sobrevivir a esta primera tempestad, y para ello, me ayudo de la cabeza analítica de mi colega Georg, quien además de jugador profesional de ajedrez, empieza a ser un gran amigo.


Jueves 28 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 349






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