295 - Volver a visitar.

Hay una idea que me ronda la cabeza desde que allá por dos mil catorce visitara Tokio. Uno nunca sabe si es la última vez que visita un sitio. Puede que nunca vuelva a pasear por los jardines imperiales o por Shibuya, y hasta hace no mucho pensaba lo mismo de Tallin.


Cuando visité Tallin con motivo de la Supercopa de Europa en el dos mil dieciocho, supuse que no era una ciudad que considerase una prioridad, por lo que daba por hecho que no volvería a visitarla. Tal vez uno disfrute más de los viajes si asume que no volverá a pisar las baldosas de esas calles, o tal vez ñogre lo contrario al hacer que uno priorice la cantidad de visitas antes que la calidad.


Dejando de lado mi habitual párrafo introductorio, ayer salí a pasear por el casco antiguo de Tallin. Aunque mi tarde fue perfecta, no puedo dejar fuera mi aventura mañanera con mi colega Georg que me ayudó a callejear y conocer la zona de Kelmiküla.


Por la tarde decidí revisitar todos aquellos sitios que un día pensé que no volvería a ver. Me sorprende mi buena memoria, e incluso la capacidad de notar cambios en una ciudad que no es la mía. Aquella tienda de relojes bajando desde la plaza de Raekoja (Ayuntamiento) ya no está, aunque me alegré al comprobar que seguía aquel taller de pintura subterráneo al lado de la iglesia de püha Katariina (Santa Caterina).

No sé cuanto debí callejear, pero mientras escribo esto y saboreo mi maravilloso café casero, no puedo más que pensar en terminar mis quehaceres para volver a ir a pasear entre murallas. Y es que pasear entre murallas es acompañado de la paradoja de saber que en un espacio limitado hay recovecos ilimitados, aunque ese es otro tema.

Sábado 4 junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 295




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