188 - Seguimos con las comidas de trabajo.

Tengo suerte, lo reconozco, curro con gente bastante agradable, a lo que se suma compartir Torre con varias amistades del colegio. En ese compartir edificio y ascensor hemos encontrado nuestro reencuentro de alumni que hacemos a través de copiosas y agradables comidas cuando el trabajo nos lo permite.

Esto lo escribo casi veinticuatro horas después de haber disfrutado de auténtica comida coreana con Chaure y mi blogger favorita, Clara. No sé ni qué pedimos, se encargó Chaure, y aún habiendo sido abandonados por Lu, Bego y Busta, disfrutamos riéndonos de las anécdotas que todos recordamos de aquellas tardes de café y piti en Duque de Pastrana.


Aislados de la realidad comimos y reímos pensando en lo mucho que había cambiado todo. Es lo que tiene hacerse mayor, que la nostalgia invade las conversaciones, y ni si quiera unos escandalosos tacos de lechuga consiguieron evadirnos de la realidad más dura, somos adultos.

Siendo sinceros, aunque puede que lleve una semana sincerándome demasiado, esos pequeños momentos son los que te ayudan a recordar lo larga que es la vida. Hace seis años que salimos del colegio, y los tres que allí comimos hemos cambiado mucho. Cierto es que cada cual mantiene una esbelta y juvenil figura, pero cargamos con errores y aciertos de un tiempo que siempre parecerá mejor.


Las comidas de trabajo, o mejor dicho, las reuniones informales a la hora de la comida, se están convirtiendo en un oasis personal, y ojalá algún día valore con la perspectiva del tiempo, todas las amistades conservadas al rededor de una mesa.


Jueves 17 de febrero de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 188







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