135 - Aquellos domingos que prometen poco.

La ciudad de Madrid ha decidido pelearse conmigo, con el de hoy ya son seis domingos consecutivos en los que no consigo acudir acompañado al Rastro, y eso solo puede explicarse con el enfado de mi querida ciudad.

Después de mi sexta desilusión dominguera me he refugiado en un solo doble que debido a su cremosidad podría comerse con cuchillo y tenedor.


Entre planes probables y realidades concretas huí de la prisión en la que se convierte mi habitación después de un día de completa lectura. La lluvia quiso que me refugiara con Boli y Casilda, esta última poco tiene que ver con la rescatadora de perros, aunque supongo que ambas estarían viviendo una resaca similar.


El sushi dio paso al café y chocolate, un breve recorrido por los demonios de cada uno hizo que nos dieran las cuatro y algo, cada uno marchaba a casa, y como cada domingo, alcanzaba las cinco sin nada de provecho en la libreta (es decir, mis notas de iPhone)


Alfonso quiso acudir a mi llamada de socorro, y en menos de diez minutos me había convencido, gimnasio seguido de hamburguesas de la gastroneta (aquí no se habla de food trucks) de Goxo. Un recién llegado Gio y un inquieto Was se unieron a una cata de burgers de la que esperábamos más.


Al final del día, mi domingo no ha estado mal, salvo por la espinita del rastro, pero realmente lo importante es como una vez más, un domingo que promete poco consigue enderezarse y brindarme los recuerdos suficientes como para escribir con ilusión está entrada número ciento treinta y cinco.


Domingo 26 de diciembre de 2021

Madrid

Recuerdos con contexto 135









7 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo