130 - Unos strudis o como se llamen.

Los nombres nunca fueron lo mío, no es una falta de interés, sino una dificultad que me acompaña y poco a poco va queriendo ser defecto.

Me olvido con tanta facilidad de los nombres que van surgiendo en mi día a día, que soy incapaz de acordarme de los nombres que leo. Llevo más de setecientas páginas de Dune y sigo sin saber los nombres. Es curioso, podría recitar perfectamente los detalles de las paredes de la cueva en la que Paul se hace hombre, o un sin fin más de datos irrelevantes, pero los nombres propios se alejan de mi memoria.


En ese olvido permanente del nombre propio ha surgido mi conversación con Blanca. Dejando de lado el habitual resumen de lo destacado, hemos caído en las veces en las que hemos hablado el uno del otro, a lo que yo he añadido que he sido incapaz de recordar ciertos nombres, mientras ella me subastaba en Barcelona y en París.


A veces me planteo si ese defecto y miedo por los nombres propios es la razón por la que soy capaz de acordarme de tanta información irrelevante, para compensar. Por ejemplo, las zapas NB que llevaba Blanca son las mismas que llevaba aquel otro día en Mayflower.


Hemos pedido unos strudis, que resulta que se llaman rostis. Suena a chiste, pero aún rozando la veintena de ocasiones en las que he cenado en Fass, soy incapaz de acordarme del nombre del mejor plato de toda la carta.


Parece ser, que mi obsesión por abarcar mucho me lleva a apretar poco. Hoy han sido los strudis, quien sabe si mañana será otra cosa.


Martes 21 de diciembre de 2021

Madrid

Recuerdos con contexto 130



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