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  • Foto del escritorCarlos Pinedo Texidor

012 - A la nostalgia.

Cuánto me confundes, eres incontrolable, llegas sin avisar, de repente, arrasando con todo. Abriendo una puerta al pasado, y con él a la melancolía y al abatimiento. Es cierto que tu visita, si no se prolonga más de algunos minutos, es agradable, recuerdo momentos buenos y alegres que he vivido, pero es difícil no ahogarse en el deseo de volver a ellos y en la tristeza que ello arrastra.


En fin, no estoy enfadada contigo, sé que tú intención es buena, solo pretendes que coleccione mis recuerdos, sin olvidarlos, y estando agradecida, pero por favor llama antes de entrar, tengo que recibirte preparada.


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El verano pasa tan rápido. En mi cabeza se almacenan pinceladas de recuerdos: baños en el mar, atardeceres, conversaciones, comidas… Pero, casi siempre, como en esta foto, borrosos y fugaces.


A veces me gustaría ser como el Funes borgeniano: recordar todo con nitidez, rememorar cada detalle. Otras, admiro la mente humana y su capacidad de olvido, de retener solo aquello imprescindible, esencial. Lo que somos. Lo que queda.


Siempre ando en este debate entre la solidez y la ligereza mental.


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Es un muy difícil encontrar el Silencio hoy en día. La fiesta, las calles, los coches, los bares, la ciudad... Parece que el Silencio es sinónimo de ausencia de vida. Pero, acaso no se encuentra uno mismo en el Silencio. La paz, la calma...Ahora la gente se busca en otras personas. Ya nadie se escucha a sí mismo, el Silencio ‘suena’ aburrido, desaparece en los ecos de nuestra sociedad, infundiéndose en el bullicio presente y constante.


No quiero. No quiero abandonarme en el mundanal ruido, no quiero disuadirme en las estrepitosas vibraciones. Quiero, necesito, escucharme. A veces cuesta realmente, hay que buscar esos minutos de calma con uno mismo. Paradójicamente nuestra propia voz se encuentra en el Silencio.


Con esto no quiero decir que no hay que escuchar, charlar y estar con otra gente para conocerse a uno mismo. Esa también es una parte importante, las conversaciones son muy necesarias. Somos quienes somos por quienes nos rodean. Pero, creo sinceramente que el Silencio es la garantía de conocerse a uno mismo y de una buena relación. Cuando el Silencio une al igual, o más que las palabras, es entonces cuando sé que esa persona que está a mi lado me llena.


Y es por eso por lo que el Silencio con desconocidos es incómodo, porque también enseña quiénes somos, da a conocer parte de nosotros.

En conclusión, busquemos y aceptemos el Silencio, disfrutémoslo, es necesario para con nosotros mismos y con los demás.


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Estos días me ha vuelto la fiebre del Canto del Loco. La frase qué caro es el tiempo me viene a la cabeza constantemente y me quedo pensando en ella unos minutos. Luego se me olvida, pero vuelve. Vuelve, como una alarma.


Estos días pienso mucho en eso. En el paso del tiempo. En el significado de aprovecharlo y perderlo. En sus contradicciones. En las idas y venidas. En los cambios. En las personas que ya no están. En las que acaban de llegar. En las que vendrán.

No puedo culpar solo al Canto del Loco. Creo que el otoño se presta a pensar en el paso del tiempo. La llegada del frío, las hojas de mil colores, los días más cortos… Los cambios nos hacen conscientes de esta verdad que todos sabemos, pero no podemos explicar: el tiempo, la vida… pasa. Y nosotros con ella. Incluso el que nada tiene posee su tiempo. ¡ Qué propiedad tan sagrada! ¡ Y qué responsabilidad tan inmensa!


Escrito en Madrid por Teresa Garrido


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