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  • Carlos Pinedo Texidor

414 - Una amistad tranquila.

Una de las muchas diferencias culturales que comienzo a apreciar en mi vida báltica es la intensidad y velocidad de la ciudad. Madrid vive por y para la calle, todo es para ayer, y para desconectar hay que escaparse un fin de semana.


Aquí en Tallin se vive en otro ritmo. Parece que todo reside en el vivir y aprovechar el tiempo con los tuyos. Cada paseo es un recuerdo único, no hay prisa por llegar a ningún lado, los camareros no te lanzan la cuenta según terminas de comer, y salir de trabajar pronto es lo más habitual.


Puede que tenga algo que ver con ser una ciudad costera, o con vivir varios meses a oscuras. Pero sea lo que sea, desde mi pequeña gran ciudad del Báltico todo es más tranquilo. Y desde la distancia empiezo a soñar con esa vida de provincias de la que tanto he leído.


Más allá de percepciones y curiosidades sobre la vida calmada en Tallin, ayer me di cuenta, o mejor dicho, nos dimos cuenta mi amiga Rem y yo, que parecemos un matrimonio. Vivimos puerta con puerta, nos gustan las mismas cosas y nos vemos casi todos los días. Intentamos colar algún café o una película entre semana. Y todo ello sabiendo que si por algún casual un romance fuera a dar sus frutos, nos acabaríamos odiando. Razón por la que cada uno sigue su vida amorosa sin mayor complicación.


He de reconocer que en estos cuatro meses la he cogido mucho cariño, incluso siendo vegetariana. Pecado que compensa haciéndome compañía con sucedáneos de lentejas que ella se empeña en llamar fake burgers.


Es muy curioso como la tranquilidad de una ciudad te permite vivir una amistad desde el mayor punto de intensidad, y a diferencia de Madrid, parece ser que hay opción al eterno dilema de amistad o relación por pura conveniencia.


Sábado 1 de octubre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #414




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