Queja cuatro

Acabo de subirme a un Cabify rumbo a la T4 y me cuesta creer cómo han pasado de ofrecer agua y caramelos a ni si quiera hacer el amago de coger y guardar la maleta. Maleta que por cierto lleva un neopreno, dos pares de zapatillas (unas infinity run y otras next %), barritas energéticas con sus respectivos sobres de cafeína y una gorra de IronMan que compré en Andorra.


El conductor me ha reprochado el sugerir ir por Velázquez, estamos parados en el túnel de O’Donnell y dudo que esto sea más rápido que mi camino habitual, pero manda él, y en este viaje poco queda bajo mi control.


En la mochila llevo mi ordenador del curro, mañana debería trabajar, y pasado debería correr un medio IronMan.


Me cuesta creer que esté yendo solo, llevo dos años apuntado a un 70.3. He tenido cinco aplazamientos, dos lesiones importantes y una pandemia de por medio. Con cada aplazamiento una sensación de alegría y alivio me acompañaba. Mentiría si dijese que no me acojona estar a la altura. Todo mi entorno me ha visto perder medio cuerpo, dejar el alcohol y empezar a correr como si me fuera la vida en ello. He pasado de ser uno más a ser uno del que muchos esperan grandes cosas. Y después de dos años me toca dar la cara.


Pocas excusas hay para entender el porqué de mi declive en los entrenamientos. Alcancé mi punto álgido en octubre de 2020, y un doble máster después estoy peor que entonces. No sé nadar, la bici la empujo por cabezota y correr lo hago por vicio. No sé si será suficiente para acabar mi primer 70.3, pero al menos espero que sea suficiente para no pensar en si podría haber dado más el día de la carrera.


Ahora estoy en la T4, esperando a la información de la puerta de embarque mientras escribo todo lo que se me viene a la cabeza. Me siento como Nassar en Crónica de una muerte anunciada, creo que todo el mundo menos yo sabe lo que va a pasar el sábado, pero aún así, al igual que Santiago, saldré de casa el sábado.


También suena de fondo Calamaro, y hasta hace nada Manolo García, supongo que ahora sonará Jarabe de Palo, a ver si así entiendo qué es “Eso que tú (el IronMan) me das”.



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