Here it comes.

Era el año dos mil dieciséis, como cada viernes yo salía de clase antes de comer, lo que me permitía escuchar música toda la tarde antes de mis quehaceres nocturnos. Por aquel entonces el tabaco era mi amigo, fumaba casi tanto como música escuchaba, y en ese alternar canciones y cigarros era feliz.


Tenía mucho tiempo libre, podía dedicarle decenas de horas semanales a bucear en Spotify en busca de artistas poco conocidos, y entonces apareció Life in Film. Un discreto y poco conocido album del año dos mil quince bajo el título de “Here it Comes” . Pocas veces un album me ha seducido de esa manera, pero eso es otra historia.


Es importante saber que yo disfrutaba de mis cajetillas más de lo que lo he hecho con muchas otras cosas. El tabaco es maravilloso, y aunque lleve cinco años sin fumar no hay nada que supere esa sensación tan banal y humana de sentir el humo inundar los pulmones seguido de ese mareo fugaz. El tabaco puede que sea de los mayores placeres de esta vida, y como buen antiguo fumador puedo hablar con la autoridad que me da el tiempo y concluir que la música de Life in Film nunca volvió a ser igual después de aquel último cigarro.


Life on film fue un grupo indice rock de East London. Son un popurrí de The Smiths, David Bowie y The Doors, y me atrevería a decir que hay ciertos rasgueos de guitarra al más puro estilo de The Wombats. Empezaron sus andaduras allá por el año dos mil diez, y siete años más tarde se separaron. Su ruptura fue algo duro para mí, estuve un año con “Here it Comes” en bucle. Esperando un segundo album que no llegaba, como quien espera respuesta después de un temeroso te quiero.


El album está compuesto por dieciséis canciones de las que podría estar horas hablando. Por eso he decidido transmitir lo que para mí es este grupo con solo dos de ellas, “Carla” y “The Idiot”.


Para hablar de Carla uno tiene que saber lo difícil que es ordenar todo lo que pienso sobre una de mis canciones favoritas. Un melodía tan melancólica como feliz y tan feliz como desgarradora. Hay infinidad de formas de disfrutar de esta maravillosa obra de arte. Uno puede huir del mundanal ruido con la suave e hipnótica percusión, imaginarse en un lugar secreto con cada riff de guitarra y mi favorita, vivir atrapado en el estribillo; “I´m sorry that I'm running from. Something that I used to love. When I was with you”

Carla es un canto a la nostalgia, al desamor más sincero e incluso a esa amistad no correspondida. Porque con cada “Carla, you don't say much. About all of the pain that you feel” uno no puede evitar acordarse de todas esas amistades tan malheridas en las que ya no hay forma de contar como te sientes.


Y no os miento si os digo que he pasado horas con esta canción en bucle. Obsesionado con el desconcierto de la sinceridad de las luces de la ciudad a la que se canta. Incluso he querido ser feliz con el doloroso “I live, in the city. And I can't find my way out”, porque incluso un enamorado de Madrid como yo se siente atrapado entre Atocha y Plaza Castilla.


No sé muy bien qué querrían transmitir con Carla, pero sí sé lo que supuso para mí. Un oasis de calma y esperanza en unos años algo movidos. Porque Carla es un mantra que uno puede hacer suyo para tranquilizarse. Es la sinceridad de la desgracia, es un canto a la realidad de quien huye de lo que conoce y una súplica de reciprocidad aún estando en medio de una guerra.


Si con “Carla” uno se emociona, con “The Idiot” hay que tirar la casa por la ventana, en el sentido más estricto de la expresión. Está maravillosa canción al desamor, o a la despedida anticipada es un recordatorio constante de todas aquellas personas que no han sabido estar. Una sincera verdad acompasada al ritmo alegre que caracteriza a este álbum que para mí roza lo mítico.

Cada estrofa es una verdad más cierta que la anterior, porque con un característico “You love to leave, but you were never there. And it was all a waste of time;” te recuerda que hay quien desaparece sin nunca haber estado. Y tal vez esa epifanía sea la más dolorosa que uno puede tener, “Love is wasted on you, and you don't have a clue”.


El ritmo alegre y sintético acompañado por una percusión sencilla y pegadiza trata de quitar peso a la letra. Pero si uno se detiene lo suficiente en cada estrofa puede que se le escape alguna lágrima. Porque te recuerda que aunque sueñes despierto no puedes huir de la verdad, y ni siquiera la noche te ayudará. “Sleep in you head, then in the night. Can't turn the light off in your room”


“The idiot” es una de esas revelaciones que todo adolescente tiene a lo largo de su vida, un recordatorio que aquel ligue no te quería tanto, y que esa amistad que tanto quieres no es más que una constante demostración del verso “You say something stupid, your useless”

Y así podría seguir horas hablando del que para mí es uno de los mejores álbumes que he escuchado. Hay canciones cuya mención me parece obligatoria “Needles & Pins” o “Anna, Please Don´t Go”, ambas con letras que podrían ser respuestas a tantas de las preguntas que nos lanzan The Smiths en su album “The Queen is Dead”.

Life in Film es una estrella fugaz de las que no se olvidan. Vinieron y ante la atenta mirada de Stephen Street (productor de The Smiths, Morrisey, The Cranberries, Kaiser Chiefs…) nos dejaron uno de los mejores discos de indie rock que he escuchado. No es únicamente la calidad de la música o la profundidad de las letras, sino la coherencia y cohesión las canciones entre ellas.

“Here it comes” es casi una hora de nostalgia y desamor alegre y sincero, y en esa hora que tanto he escuchado he sido y soy feliz.



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