El sueco más alto del mundo.

Son casi las doce de la noche de un lunes festivo, suena Tallest Man On Earth en el proyector de mi cuarto, y no puedo evitar que la nostalgia me arrope en una cama que ha escuchado mucho.


Cuando era niño tuve la suerte de tener acceso ilimitado a los prolegómenos de lo que hoy es Tiny Desk Concert. Son once años los que llevo escuchando cada pequeño y maravilloso concierto. Aún me acuerdo del día en el que, teniendo examen de Biología fui a parar al canal de YouTube de un pequeño cantautor sueco llamado Tallest Man On Earth. Aquella tarde, además de quedar enamorado de los rasgueos y voz de otro tiempo, acabé descubriendo que, además de subir canciones a su canal había dado un concierto en un pequeño estudio.


Desde aquel día, además de llevar a Kristian en lo más profundo de mi gusto musical, entré en una espiral de nostalgia de la que es muy difícil salir. Sentía apego por un tiempo que no llegué a vivir, aún incluso descargando todo cuanto podía por Vuze y The Pirate Bay, no lograba saciar aquel vacío que había dejado aquel primer Tiny Desk Concert. Desde aquella primera canción de Kristian supe que nunca más volvería a estar contento con mi conocimiento musical. Hay tanto por escuchar que da vértigo, pensé.


Hace tres años, Tallest Man On Earth, que por cierto no llega al metro setenta de altura, volvió a ir a Tiny Desk Concert, en el que para mí es su mayor muestra de poderío y sensibilidad. En poco más de diez minutos logra emocionarme con el punteo y trompeta de “What I’ve Been Kicking Around”.


A medida que escribo estas líneas, con la piel de gallina y una lágrima de emoción, no puedo evitar pensar en aquellas noches de “milk and cookies” con Hamish en las que le intentaba convencer que Tallest Man On Earth es lo más cercano que vamos a vivir a un Bob Dylan contemporáneo.


En la segunda canción del concierto, cambia la guitarra eléctrica por una española, la trompeta pasa a tener sordina y con el corazón en la mano canta su “I’ll Be a Sky” que no es más que una oda al que para mi es el sentimiento más bonito y duro. Perder la noción de lo propio. “I feel that I'm a little strange most of the time. But I don't really mind, oh, when my heart feels strong”


Sería injusto reducir a Tallest Man From Earth a las tres canciones de este segundo Tiny Desk, pero es que la madurez de su voz y el cambio de expresividad respecto a su primera época, que ya era una obra de arte, es lo que hace que sea digno de este texto.


Sin querer despedirse de nosotros, volvemos a la guitarra eléctrica y damos paso al trombón alternado con la trompeta para que con “The Running Styles of New York” nos hable de una nostalgia que no logro entender, al igual que aquel niño antes de su examen de Biología.


“I hear beauty in things like

The neighbors' return

To their love and pride

Their day like a wicked ride

But then to belong

And their kids running by

Given riddles and tales

For their way to be

Little buddies, the mystery

Of just being around”


Aquí es donde, una vez más, me emociono al escribir, creo que la vida que uno decide compartir y vivir no es más que la concreción de todo aquello que ha escuchado. La música no solo pone palabras y ritmo a las vivencias, sino que las crea. Ya sea con una nostalgia de un tiempo que no se ha vivido, o con la voz de un sueco y su guitarra que sueña ser aún más libre.


Tiny Desk Concert 2009 Tiny Desk Concert 2019


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