Aquellas noches que no fueron.

A veces uno sale de casa con aires de grandeza, pretende sonreír a la madrugada en el camino de vuelta abrazado por los recuerdos de una noche memorable. El problema de esto es precisamente la avaricia desmedida por una expectativa aún frágil. En mi corta experiencia muchas de estas casi noches son una pelea entre cabeza y corazón en la que casi siempre gana el segundo, y cuando lo hace el primero uno vuelve a casa con pena, poca gloria y un molesto zumbido en su cabeza sincronizado con cada latido. El problema de estas casi noches es cuando van acompañadas de una duda más allá de la noche en sí, cuando en la toma de la fatídica decisión uno valora otros escenarios que de ser ciertos la cabeza perdería el partido.


Anoche tuve una de esas casi noches donde por poco acabé con los ya famosos holandeses errantes en una cala de esas que han elevado a mística con su ceremonioso ritual festivo. La decisión más allá del resultado estaba muy condicionada por pequeños factores que sin embargo no pesaban lo suficiente como para que lo racional renunciara a su lugar hegemónico. El corazón tiraba y aflojaba soñando con una de esas noches que acaban en recuerdo de este blog, y así fue.


Seguía el Suzuki de Blanca, sonaba Shameful Company de Rainbow Kitten Surprise, conversábamos de coche a coche con la ventanilla bajada, semáforo tras semáforo dudaba más, y en la bifurcación de la carretera de Sóller con la MA-19 la canción decidió por mí.


If you're cold, go inside

If you're tired, go to sleep

If you're weak, come to me, find shameful company


Volví a casa poco antes de la una sabiendo que en seis horas debía despertar con la idea de defender unos chips con el "sand" en un campo a los pies de mi lugar favorito, Puig de Randa. Me dispuse a escribir esta especie de queja pero por cosas que desconozco decidí dejar reposar las ideas y detalles de una decisión que en ese momento parecía todo, llamé a Jorge y poco después me quedé dormido recordando aquella melódica canción.


Esta mañana jugué bien, me noté cómodo con mi swing, no tanto con mi decisión. Así es la vida, llena de aquellas noches que no fueron, eternas batallas entre razón y sentimiento que nunca termina uno de entender pero que sin embargo ayudan a mejorar el swing de un deporte similar a mi noche de ayer, mucha práctica y poco acierto.




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