239 - Yo quería ver el golf.

Creo que hay pocas sensaciones peores que la de tener la cabeza en otro sitio. Es un castigo que suele ir aparejado de una constante sensación de ausencia. Porque quien tiene la cabeza en otro lado suele olvidarse de vivir en el día a día, y en esos laberintos de nubes y naipes hay quien se pierde.


No sé muy bien cuál ha sido el detonante para estar con la cabeza en otro país. Me siento a releer mis recuerdos, y en estos doscientos cuarenta días de diario ininterrumpido no termino de encontrar el detonante. Hasta cierto punto este diario es un engaño, es muy fácil dejar fuera del día a día determinados recuerdos, y puede que en ese contar las ideas a mi manera haya dejado olvidado el germen de mi querer huir de Madrid.


Siendo sinceros mi huida de la metrópoli no es una huida como tal, es un querer crecer ajeno a lo que me rodea. Siempre se dijo que en mi familia ha habido grandes insensatos con el gen aventurero, y puede que a mí me haya tocado. Quiero perderme lejos de mi ciudad natal, tal vez sea algo absurdo buscar ese vivir incómodo, pero quiero volver a saber lo que es perderme en mi cabeza y volver a valorar la dificultad de encontrarse.


Hay dos formas de ver esta disquisición, asumir que mi cabeza no puede dar más o entender que tal vez la razón por la que no da más es porque está muy a gusto. Yo creo que lo segundo es más acorde, y por eso quiero alejarme de la facilidad madrileña.


Todo esto es lo que ayer trataba de explicar a mis amigos, quienes me habían prometido cena y golf, y acabaron ofreciéndome unas copas con más personas de lo habitual. Por eso Madrid es una ciudad tan sencilla, porque cuando uno quiere hacer el esfuerzo de reflexión incómoda, acaba rodeado de mujeres guapas a las tres de la mañana y con la cabeza en otro lado que no invita a la reflexión.


Yo quería ver el golf, y he acabado hablando de hamburguesas y desamores.


Sábado 9 de abril de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 239



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