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  • Foto del escritorCarlos Pinedo Texidor

925 - Cena en casa.

Hay ciertas dinámicas de noviazgo que se pierden cuando uno toma la decisión de convivir con su novia. Como tantísimas otras cosas de esta vida, lo que uno gana por un lado lo pierde por otro. Y en las relaciones, más aún en las de convivencia, no iba a ser menos.


Cuando Mer y yo decidimos comenzar a vivir juntos teníamos muy presente que la importancia de los pequeños gestos era una ventaja suficiente como para asumir que las citas extraordinarias iban a disminuir. Acostumbrado al ajetreado cortejo madrileño aún se me hace impensable estar un mes sin hacer un plan especial con mi novia, y sin embargo, no me arrepiento de nada.


La vida en el Báltico, que se rige por las relaciones de convivencia, logra hacer hasta del mayor de los Don Juanes un hombre de casa y libro. Uno se acostumbra al día a día y deja de lado los planes exóticos de cincuenta euros por cubierto, y sin echarlo de menos, reconozco que me lamento de haberlos desterrado de mi vida.


Gracias a la fortuna que me acompaña desde que puse pie en Tallin en junio del veintidós, puedo permitirme el lujo de sentar a mi novia y sin mucho contexto exigirle (cariñosamente) que vaya a comprar ingredientes y que ya veremos lo que cocinar.


Hoy Mer y yo, gracias a su excelente selección de materias primas, hemos recuperado nuestro calendario de citas extraordinarias. Cuyo fin, comer bien aparte, es volver a incluir en nuestras vidas los aspectos ceremoniosos del cortejo que uno pierde cuando comienza a vivir con la que será su mujer (sujeto a entrega y aceptación de anillo).


Viernes 23 de febrero de 2024

Tallin, Estonia

Recuerdo #925




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