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  • Foto del escritorCarlos Pinedo Texidor

902 - Descanso merecido.

Hace algo más de setenta y cinco horas comenzó el que iba a ser un ayuno de seis días. Sólo he sido capaz de superar la barrera de las cien horas en una ocasión, aunque he logrado llegar a las ochenta una decena de veces. Supongo que el invierno estonio no ayuda a combatir las tentaciones de los ayunos prolongados. Tampoco ayuda la falta de sol que hace al cuerpo creer que uno vive al borde del desfallecimiento. Y todo ello, y otras muchas variables más que no vienen al caso, me han hecho poner fin a un ayuno que estaba llamado a ser más.


Cuando llevo a cabo ayunos prolongados sólo tengo dos reglas. La primera tiene que ver con el motivo por el cual ayuno, jamás debe ser para perder peso, razón por la que no miro la báscula esos días. La segunda y más importante, si el cuerpo me pide comida, tengo que escucharlo. Hoy he puesto fin al ayuno porque cuando he llegado a casa apenas podía hablar. 


Me he sentado con Mer y Paco a hablar de nuestros día. Y cuando he ido a levantarme a prepararme un té he sentido las piernas temblar y la cabeza nublarse. Razón por la que no me ha quedado otra que poner fin al ayuno mediante un buen plato de albóndigas y brécol al vino. 


En unos meses volveré a intentar el ayuno de los seis días, hasta entonces, me queda seguir aprendiendo a controlar un esfuerzo monacal que a muchos les parece una locura innecesaria en la vida de opulencia que vivimos.


Miércoles 31 de enero de 2024

Tallinn, Estonia 

Recuerdo #902



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