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  • Foto del escritorCarlos Pinedo Texidor

715 - Oppenheimer.

Nolan es mi director de cine favorito, y lo es por varias razones. Sus películas muy a menudo hacen a uno volver al cine. Obligan al espectador a un segundo visionado con el que entender los matices de pasado, presente y futuro con los que Nolan juega. Detalles cinematográficos que merecen su propio ensayo, porque para Nolan el tiempo en las historias no existe, y las fronteras deben ser movidas y usadas para narrar la historia que viene a contar.

Mi amor por Nolan empezó mucho antes de yo saberlo. De niño crecí con constantes repeticiones de The Prestige, película que en muchas ocasiones recito de memoria. Años más tarde y de la mano The Dark Knight le pusé nombre a Nolan, y con Inception caí rendido a sus pies.

Es cierto que tan sólo con The Prestige me atrevo a colocar a Nolan como uno de los más grandes directores de la historia, pero lo que vino después hizo del atrevimiento una obviedad. Tal vez por Dunkirk y sus constantes referencias a una realidad que mi abuelo debió de experimentar mi juicio se encuentre algo nublado, pero después de la película de hoy no puedo más que (una vez más) poner por escrito que Nolan es el mejor director de cine de la historia, o al menos el único que ha entendido que una historia no es lineal.

Como Nolan me atrevo a escribir que este recuerdo tendrá lugar el domingo, y que gran parte de los matices secretos de estas líneas sólo se podrán entender una vez leídos los recuerdos del sábado y del domingo. Y hasta entonces querido lector, o querido Carlos de dentro de varios años, sólo puedo añadir que una buena historia, al igual que una conversación con amigos, requiere que el pasado, presente y futuro danzan al ritmo de lo único que legitima las historias: lo sensorial.


Viernes 28 de julio de 2023

Tallin, Estonia

Recuerdo #715



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