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  • Foto del escritorCarlos Pinedo Texidor

638 - Una mesa rota.

Jugar al póker habitualmente conlleva que tarde o temprano uno empieza a jugar asumiendo comportamientos estándares. Casi todos los jugadores habituales suelen comportarse de la misma manera en determinados escenarios. Y aquí es donde viene la magia del recuerdo de hoy, de vez en cuando hay jugadores tan impredecibles que rompen la mesa.


Me senté a jugar a las siete, como de costumbre compartí mesa con varios de los habituales, y la promesa de una gran tarde de póker invadía la sala. En nuestra mesa de ocho, esta vez había dos nuevos. Y como es habitual todos jugamos las primeras manos con precaución para tomar la medida a los foráneos.


En un momento dado, uno de los extraños, sentado a mi izquierda, decidió apostar dos veces el bote, en ningún momento había llevado la iniciativa, y en la mesa había posibilidades de color, escalera y una pareja de nueves con las que yo conseguía mi trío. Después de evaluar su comportamiento y viendo que pocas veces alguien apostaría en esa situación decidí ver la apuesta. Mi trío de nueves ganaba a su carta alta.


Como la mano anterior hubo otras muchas. Con cada copa de vino de nuestro amigo extranjero aumentaban sus jugadas erráticas e impredecibles. Hasta que en en una jugada de esas, harto de ver cómo rompía la mesa con sus all in pre-flop perdí. Mi pareja de reyes acabo perdiendo contra su cuatro y seis de picas que enlazaron el color en el river.


La tarde fue complicada, y tal vez no tan divertida como esperaba. Jugar al póker en una mesa rota es algo que no termina de convencerme. Más aún si siempre se está fuera de posición contra el de tu izquierda. Supongo que por eso el póker es tan bien reflejo de la vida, hay veces que no queda más que resignarse y aceptar el sitio que te ha tocado.


Viernes 12 de mayo de 2023

Tallin, Estonia

Recuerdo #638



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