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  • Foto del escritorCarlos Pinedo Texidor

540 - Una última visita a Ikea.

Mi rincón de la calle Jakobi tenía muchas ventajas, pero un grandísimo inconveniente. Era una casa pensada para el foráneo temporal, sin espacio para lo propio y con una distribución de revista de decoración. Sí, era bonita, y tuve mucha un pequeño destello de fortuna encontrándola, pero releyendo recuerdos, creo que me equivocaba al calificar aquel rincón como hogareño.


Cuando digo que mi vida en Tallin está llena de pequeños destellos de fortuna es que todo lo que puede salir bien acaba, por pequeño que sea, acaba haciéndolo. Y un ejemplo de ello es mi rincón de la calle Soo. Un recoveco cerca del mar, cerca de Telliskivi y Balti jaam y a escasos metros de la oficina. Y no solo destaco la cercanía a los mejores sitios de Tallin, también el que se trate de una casa con espacio para hacerla propia.


Hace tres o cuatro semanas fui a Ikea para empezar a reunir lo que considero necesario en mi casa. Un lugar para guardar los vinilos, una mesa para el tocadiscos, toallas de algodón, velas, almohadones y un par de alfombras. Después de aquella visita conseguí cambiar un apartamento recién alquilado en un pequeño hogar en potencia. Pero ahí no se acabó mi idilio con Ikea, aún necesitaba un lugar para mis libros.


Cuando recibí aquellas cajas de libros enseguida supe que mi pequeño rincón iba a ser un hogar. Para lograrlo necesitaría una última visita a Ikea. Algo que ha ocurrido poco después de unas grandes albóndigas y la ayuda de Mer, que se ha ganado el cielo con las dos visitas a Ikea.


Después de esta visita puedo decir que mi casa está terminada. Tengo almohadones, velas, varias alfombras y un rincón perfecto para escuchar mis vinilos y leer. En algún momento debería comprar alguna planta y algún que otro póster, pero eso son caprichos,

Viernes 3 de febrero de 2023

Tallin, Estonia

Recuerdo #540





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