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  • Carlos Pinedo Texidor

526 - En dos meses hablamos.

Ahora que vuelvo a jugar el fútbol he terminado de encontrar la motivación que me faltaba. Han sido muchos meses dando tumbos sin entender por qué mi amor por el deporte no era correspondido. Y casi cinco meses desde la operación que me devolvió el pie vuelvo a sonreír porque esta semana es la primera de muchas.


Mi llegada a Tallin supuso mejorar mi vida espiritual, entiéndase como el entreno de las pasiones nobles. Y aunque en Madrid logré un cuidado muy decente, puedo decir que he recorrido mucho camino desde que deje de borrar mis escritos allá por verano del año diecinueve. Por el contrario, cuando pisé la capital báltica desterré de muy mala forma mi vida moral, entiéndase como la defensa de los valores mediterráneos, donde entra el cuidado del cuerpo.


Es por ello que mis casi nueve meses viviendo en Tallin han sido incompletos. Me he dedicado a cuidar el espíritu a la vez que maltrataba el cuerpo. También es cierto como le decía a mi amiga Mer, que mi concepto de maltrato corpóreo es en términos generales un cuidado muy ligero. Pero acostumbrado a otorgar a mi vida física el mayor de los respetos, estos últimos meses de excesos son un gran recordatorio de lo débil que puede llegar a ser el espíritu. Tal vez por lo anterior afronte con tanta esperanza e ilusión los dos meses que tengo por delante. Y digo dos y no cuatro porque es el tiempo necesario para volver a acostumbrar a mi cuerpo a la vida monacal en todo su esplendor.


Hoy he empezado mi entrenamiento de aclimatación para volver a dónde mi cuerpo nunca debió abandonar, el respeto y cuidado del estilo de vida. En dos meses hablamos, o mejor dicho, volveré a escribir, pero espero que esta vez mi disciplina no me falle.


Viernes 20 de enero de 2023

Tallin, Estonia

Recuerdo #526







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