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  • Carlos Pinedo Texidor

523 - Doce horas y media.

Hay algo mágico y prima en escuchar a tu cuerpo. Y no me refiero al rugir de las tripas después de un ayuno prolongado, sino al desobedecer a tus deseos por instinto. Algo similar a lo que siente el jugador de póker cuando antes del river decide abandonar con tres reyes ante la remota posibilidad del color del oponente.


En numerosas ocasiones el cuerpo habla, pero en muy contados momentos uno decide pararse a escuchar. Es esta realidad la que fue responsable de mi excelente estado de forma física allá por diciembre del veintiuno. Y tal vez sea ese el motivo por el que después de un año parado mi declive físico no sea más que meramente estético. Pero más allá de la filosofía de entrenamiento creo importante destacar la importancia de dedicar varios minutos diarios a escuchar al cuerpo. Porque en momentos de claridad, como el de ayer, uno puede aprender mucho.


Hablo de día de ayer porque esto lo escribo en la tarde del miércoles. Y siendo sinceros bendito momento en el que hice caso a mi cuerpo ayer por la tarde. Y es que por primera vez en años ante los incesantes bostezos y el cansancio después de un día de curro y gimnasio decidí meterme el cama a las siete de la tarde.


Siendo sinceros tenía pocas esperanzas de caer rendido de esa forma, y hasta escribí un par de páginas del relato que quiero publicar. Flores para Clara tiene muy buena pinta, y no lo digo yo, sino las cuatro personas que han decidido leer algunas páginas.


Pero lo que de verdad importa, más allá del acierto literario de mi primer relato corto, es que estoy volviendo a recuperar lo que me hizo poder correr sin cansarme. Ayer hice caso a mi cuerpo por primera vez en mucho tiempo, y después de haber dormido doce horas y media sé que hice lo correcto.


Martes 17 de enero de 2023

Tallin, Estonia

Recuerdo #523




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