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  • Carlos Pinedo Texidor

514 - Ahora sí.

Cuando decidí irme a vivir a Tallin soñaba con alejarme de Madrid una época. No quería volver cada pocos meses, soñaba estar fuera lo suficiente como para ver los cambios de la ciudad. Pero como ya he escrito en este diario, desde junio he pasado por Madrid en tres ocasiones. Y dos a Mallorca.


Es cierto que cada visita tiene justificación. Y que realmente podría haberme ahorrado la de agosto y la de noviembre, pero una vez hecho, de nada sirve dudar.  Esas visitas han supuesto nada menos que veintiún vuelos. Sí, veintiuno. Lo que se traduce en muchas horas sentado en un avión, horas que gracias a Dios me han ayudado a estructurar gran parte de mi relato Flores para Clara.


Pues bien, hoy, domingo ocho de enero, por fin puedo decir que ahora sí que me toca alejarme de Madrid. Tengo por delante un inicio de año muy movido. Entre la mudanza, el cambio de curro, y mis ganas de conocer los países del Báltico, no creo que pise Madrid hasta octubre.


En mi cabeza quiero aprovechar el exilio para volver a correr con la misma libertad, y por supuesto, volver a disfrutar del entrenamiento recto y estoico. En cierta medida me vuelve a excitar mi segunda abstinencia voluntaria. La primera duró tres años, y está durará hasta que pueda disfrutar corriendo de los cuarenta y dos kilómetros.


Ahora sí que me toca volver a ser un monje. Alejado del ruido madrileño, refugiado en un rincón del Báltico, un pequeño sacrificio de ostracismo social a cambio de volver a recuperar los cimientos que en su día conformaron mi idea de no ser un padre de sofá.


Domingo 8 de enero de 2023

Madrid, España

Recuerdo #514




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