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  • Carlos Pinedo Texidor

499 - La cena del veinticuatro.

Seamos sinceros, a mi el veinticuatro es un día que no me termina de convencer. Eso de cenar a altas horas y hacerlo con tal copiosidad me parece innecesario. Es cierto que nunca fui amante de las cenas. Las comidas y sus sobremesas son más placenteras que las nocturnas, y me atrevo a decir que eso de irse a dormir con el estómago lleno es un exceso que a mi no me cuadra.


Soy fiel defensor de los ayunos. Pequeñas rutinas que me mantienen cuerdo. El desayuno está sobrevalorado, y le cena es excesiva. La verdadera felicidad pasa por comer a eso de la una y no volver a abrir el buche hasta el día siguiente.


Pero hoy no voy a hablar de los beneficios del ayuno o de cómo tres cientos años de revolución industrial han destrozado varios cientos de miles años de sosegada evolución. Hoy voy a hablar de la costumbre española por antonomasia, una vez más, hoy voy a hablar de esas opiniones en torno a una mesa y con vino mediante.


En mi caso tengo la suerte (y la desgracia) de tener una familia muy extensa. Diez tíos por un lado y doce por el otro. Primos suficientes que servirían para montar una liga de fútbol, y ahora, en mi casa, también sobrinos.


Nos hemos sentado a cenar mis hermanos, mis sobrinos y mis padres. Menú clásico en casa Pinedo Texidor. Lombarda, pavo, algún turrón y sopa de almendras. Un par de horas donde he despotricado de mi querida España. País que desde fuera no avanza, país que desde fuera maltrata a sus jóvenes y los condena al olvido.


El veinticuatro no será mi día favorito de la Navidad, pero sí lo es para alguno de los que compartieron mesa conmigo, y eso es motivo suficiente para celebrar.


Sábado 24 de diciembre de 2022

Madrid, España

Recuerdo #499




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