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  • Foto del escritorCarlos Pinedo Texidor

498 - Tres vuelos y doce horas.

Me gusta mucho vivir en Tallin. La vida es más tranquila. No me molestan los juegos sociales de la vida madrileña. En la distancia los rumores no se escuchan. Y vivir aislado hace a uno entender que la vida social en Madrid, y más a los veinticuatro, es una especie de “House of cards” que agota el alma.


Pero no seamos cínicos, una parte de mí espera que mañana comiendo con mis amigos me pongan al día de todo un poco. Al fin y al cabo, el cotilleo, sirve como vía de escape, y yo, después del mes más complejo de mi vida quiero reírme con los líos de faldas y desamores varios.


Una parte de mí agradece que no haya conexiones directas. Si así fuera jamás habría sido capaz de rehuir de los brazos del cotilleo de la capital, ya que muy probablemente volase de vuelta una vez cada mes.


Hoy ha sido una paliza de cuerpo y alma. He salido por penúltima vez de mi casa de la calle Jakoki. He dejado un piso vacío. Con todas mis humildes pertenencias en cajas y un par de viejas maletas. He apagado la calefacción y he ido al aeropuerto para coger mi vuelo de la una.


Resulta que me tocaba hacer dos escalas. A la primera casi no llego y he tenido que correr durante diez minutos en el aeropuerto de Estocolmo. Y todo por culpa de una señora que ha tenido que ser escoltada fuera del avión por la policía estonia. De la segunda, me dan ganas de no escribir. El bobo que escribe esto ha confundido el tipo de cambio de las coronas danesas. Y una comida/cena que debía haber costado veintitantos ha acabado costando ochenta y muchos.


En menos de una hora aterrizo en Madrid, y después de doce horas y tres vuelos, la cama de casa de mis padres me llama y seduce en la distancia.


Viernes 23 de diciembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #498



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