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  • Carlos Pinedo Texidor

492 - Un café en Røst.

Después de una caótica semana llena de decisiones y planes importantes esperaba dormir doce horas del tirón. Sin embargo me he levantado a las nueve en el sofá de mi refugio de la calle Jakobi. Ayer me debí quedar dormido viendo “Como conocí a vuestra madre” y sobra decir que no ha sido ni la mejor noche ni el mejor despertar. En parte por la marca de mi teléfono en mi cara y las babas sobre la manta del salón.


También es cierto que me he levantado pronto porque había acordado desayunar con la isleña a la que estoy cogiendo algo de cariño. Tiene por delante un mes de exámenes algo complicado. Y entre sus entregas y mis ajetreadas tardes no teníamos otro hueco.


Nos hemos citado en Røst. Una pequeña cafetería que podría denominarse horno de hojaldre. Un pequeño rincón de Rottermani donde además de buen café preparan la mejor tartaleta del mundo. Una especie de hojaldre salado que se parece a los pasteis de nata. Pero con queso de cabra, jamón y albaricoque. Una explosión de sabor que se ha convertido en el “Manolito” estonio. Y que espero llevar al curro cuando me despida de todos el jueves (al igual que haría en Madrid con los “Manolitos”).


Pero más allá del gran expreso doble nicaragüense o de esos hojaldres caídos del cielo, hoy me lo he vuelto a pasar muy bien con la isleña. Es muy divertido reírse de las costumbres del otro, y aunque no entienda muy bien eso de las uvas, del día de Reyes o de lo que supone el veinticuatro en Casa Puebla, creo que poco a poco la voy evangelizando en el Mediterráneo Moral, e incluso en el Cholismo.


Hoy he disfrutado de un café mañanero como hacia mucho que no disfrutaba. Y aunque la isleña sea más amago de amiga que de ligue, he de decir que para ser una ex-modelo no es tan snob como me esperaba.


Sábado 17 de diciembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #492





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