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  • Carlos Pinedo Texidor

491 - Cansancio y falta de vitamina D.

Hace menos de una semana que se acabaron mis provisiones de vitamina D y he querido experimentar lo que supone vivir con unos niveles bajos. Desde que se me acabó, y tal vez debido al efecto placebo, apenas duermo por las noches. Está claro que es una mezcla de estrés y nervios por mi cambio de curro, pero también creo que mi cuerpo no termina de entender cuando es de día y cuando es de noche.


Llevo sin ver la luz del sol algo menos de dos semanas. Algún rayo tontorrón se ha colado en los amaneceres y atardeceres que contemplo desde la oficina. Pero hay un espeso manto de nubes grises que lleva abrazando Tallin más de lo que había visto hasta la fecha. Esto unido a mi reciente falta de vitamina D hace que mi cabeza viva un coma profundo. Me cuesta pensar, vivo entre bostezos y soy incapaz de salir de la cama por las mañanas.


La sensación que me acompaña me recuerda a esas mañanas invernales de colegio en las que tocaba correr bajo la lluvia. Pero aun viviendo con una deficiencia de vitamina D hoy he logrado sacar la energía necesaria para escaparme de mi antiguo curro y pasar un día entero en una sala de reuniones con el equipo que me abrirá las puertas de mi segundo curro estonio a principios de enero.


No voy a mentir, ha sido un día muy largo. He acabado con la cabeza pensando en la cama. Y después de casi siete horas de planificación interrumpida he logrado escaparme a casa a dormir toda la tarde. Estoy muy cansado, necesito disfrutar de dos merecidas semanas de vacaciones. También necesito comprar vitamina D, y a poder ser, cerrar esta etapa de la calle Jakobi para olvidarme de un mes de diciembre caótico y agotador.


Viernes 16 de diciembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #491




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