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  • Carlos Pinedo Texidor

483 - Qué bonito es vivir.

No entiendo nada, no sé cómo explicar estos últimos años. No sé muy bien que ha sido de aquel Carlos que rozaba los cien kilos y que vivía entre cigarrillo y suspenso. No sé que ha debido de pasar, no termino de entender a quién he debido de engañar ahí arriba y mucho menos no termino de entender por qué la vida es tan ilusionante.


No sé qué es lo que me espera, no sé si lograré tener esa biblioteca junto al mar con la que sueño. Tampoco sé si por fin encontraré en mis escritos alguna utilidad o si al fin aprenderé a rimar. No sé que será del Carlos que escribe estas líneas. No sé cuando me tocará partir, y tampoco sé si como diría Calamaro me tocará entonar un “Si te toca ir arriba, antes que yo, porque existe la vida eterna, lleva de parte mía un cucumelo, por si no llovía en el cielo”.


Hago el esfuerzo de tratar de entender. Releo todo lo que escribo. En cuatro años algo más de mil textos y algo menos de quinientos poemas. Decenas de miles de líneas llenas de nostalgia, amores no correspondidos, mucha felicidad y alguna preocupación que resultó no ser para tanto. Creo que me conozco más de lo que nunca soñé hacer, y aún así, soy incapaz de entender nada de mi vida.


Vivo en una suerte de carambola que se alimenta de los extremos más injustos. He corrido un IronMan para el que año y medio de preparación no sirvió de nada. He escrito cuatro libros que resultaron tener errores de imprenta. Me he distanciado de amistades que resulto echar de menos. He rechazado cafés que no debería haber ignorado. He vivido picos de euforia y valles de soledad, y cuanto más me duele, más suerte tengo luego. Vivo en una tragicomedia escrita por alguna deidad que se aburre. Y yo, empedernido mediterráneo moral, sueño con un estoicismo que soy incapaz de encontrar.


No entiendo nada de mis últimos cuatro años. Menos aún después de haber sido capaz de prolongar mi aventura báltica y a mi prematura edad no sé cuánto durará la fortuna que me acompaña y que me hace enamorarme de ese subir y bajar de las nubes que me hace tan feliz.


Jueves 8 de diciembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #483






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