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  • Carlos Pinedo Texidor

472 - Despejar la mente.

No miento si digo que he encontrado cierta paz en mis domingos de escritura y café en pijama. He hecho de la vaguería dominical una rutina creativa. Y lo que antes era impensable, se ha convertido en un ritual.


Amanezco relativamente temprano, hago la cama, pongo una cafetera y mientras se hace el néctar bendito me doy un remojo. Suelo salir de la ducha algo despistado aunque el frío de mi casa me ayuda a espabilar. Y es aquí donde entra mi placer secreto. Guardo unos pantalones de algodón en el armario del baño. Pantalones que compré en la parte de pijamas de Uniqlo, y que se han convertido en mi uniforme de escritor.


Cuando salgo del baño, afeitado y con colonia, retiro la cafetera del fuego. Espero un par de minutos a que se asienten los posos, y en mi taza con la heráldica de Tallin, vierto cuanto quepa.


Café mediante suelo sentarme a escribir los recuerdos que tengo pendientes, y si no es el caso, algún poema que me recuerde que sigo sin saber rimar. Cuando me siento satisfecho me hago la comida, y la promesa de una siesta me suele acompañar.


Ayer sin embargo, mi pulcro ritual se vio mancillado por la impotencia de mi última semana. No hice la cama, el café era del día anterior y la ducha la dejé para después. Escribí sin ganas tres recuerdos pendientes, y mal comí sin llegar a disfrutar de una siesta.


Por la tarde acabé yendo a escalar, que parece ser lo único que me despeja. Sigo sin tener ropa de invierno para hacer deporte, y viendo que me queda un mes de nomina me toca aficionarme al deporte bajo techo.


Domingo 27 de noviembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #472



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