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  • Carlos Pinedo Texidor

467 - Un martes distinto.

No es justo que escriba este recuerdo después de haber vivido un miércoles caótico y un jueves eterno. No me merezco releer estos recuerdos sabiendo que lo que fue un martes maravilloso, se ha convertido en una crónica de una muerte anunciada. No sé muy bien cómo afrontar estos tres recuerdos acumulados. no sé si empezar hablando de una de las realidades más duras que he tenido que afrontar en mis veinticuatro años de vida. Tal vez debiera dejar (por una vez) la careta del recuerdo diario en la mesa, y con algo de perspectiva tratar de explicar que lo que viví el miércoles era imposible de prever.


Mi martes fue maravilloso, me levanté temprano para ir a hacerme unos análisis cerca de casa. El camino atravesando el parque y el cementerio me abría infinitas posibilidades deportivas. Sigo buscando ropa térmica para poder correr a menos cinco, pero la belleza de lo que tengo detrás de casa me tienta a salir a correr sin abrigar.


A eso de las nueve de la mañana había terminado los análisis, y un paseo de casi una hora hasta la oficina, con Rainbow Kitten Surprise de fondo me hacía entender, entre otras cosas, que Tallin es la ciudad en la que quiero pasar algunos años de mi vida. Claro está que ese razonamiento que aún llevo en mi corazón no podía anteponerse a lo que viví el miércoles.


Ahora es cuando debo dejar de escribir, porque comienzo a querer hablar del día de ayer, y con el buen sabor de boca de un día de trabajo cojonudo y una tarde entera jugando a mi nuevo y querido Pokemon Violeta, me niego a mancillar el recuerdo de un martes que para siempre será el día de antes.


Martes 23 de noviembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #467



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