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  • Carlos Pinedo Texidor

461 - Viva la vida.

Escribo esto sin saber muy bien cómo enfocar el día como hoy. Han sido veinticuatro horas llenas de emociones, y todavía no sé sí debería escribir una oda al trabajo, al deporte o a mi amiga Mari-Liis.


Del trabajo puedo decir poco, ya he escrito en decenas de ocasiones la enorme suerte que tengo de haber acertado con mi cambio de curro y de país. Supongo que ese Carlos que quería ser matemático estaría contento, ya que por fin se ha reconciliado con su desamor por las matemáticas fruto de aquel tercero de la ESO.


En cuanto al deporte, aún trato de hacer las paces con el Carlos que terminó aquel medio Iron Man de Mallorca. Me gustaría decirle que aún no he podido disfrutar del fútbol, pero que poco a poco vuelvo a ordenar una vida que disfruta del sufrimiento del deporte. Y que por primera vez en diez años vuelve a escalar.


Por otro lado, a mi querida Mari-Liis a estas alturas podría dedicarle un libro, y es que en tan solo seis meses hemos pasado de vecinos a muy buenos amigos. La convivencia aún no nos ha matado, y hemos encontrado el equilibrio entre los contrastes de hacer la compra juntos, o rehuir del otro en busca de tiempo a solas.


Pero más allá de mi amor por el trabajo, por el deporte, o por mi amistad con Rem, hoy quiero hablar de mi amor por la vida. Y es que desde aquella maldita lesión en noviembre de dos mil veintiuno me he encontrado en aquella propia locura transitoria.


Durante casi un año he vivido una desconexión entre cuerpo y alma, y hoy, después de la primera nevada en Tallin, y dos horas de escalada, puedo decir con más claridad que nunca que vuelvo a tener la esperanza que tan feliz me hacía.


Viva la vida, y en especial los momentos en los que uno se pierde y se vuelve a encontrar.


Miércoles 15 de noviembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #461



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