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  • Carlos Pinedo Texidor

457 - Rutina de sábado.

Los sábados en la ciudad de Tallin (o al menos los míos) suelen ser sinónimo de descanso y reflexión. Puede que mi vida cuasi monacal con la que pretendo volver a ser un hombre libre (a través del deporte) sea causa de ello. Pero más allá de mis recientes decisiones, creo que Tallin, al contrario que Madrid, es una ciudad que invita a estar en paz un sábado otoñal.


Son muchos los ejemplos de la vida madrileña por los que el joven que ahí reside siente la imperiosa necesidad de huir cada viernes noche. Creo que hay pocos pueblos que salgan más de su ciudad, y es que los madrileños vivimos por y para salir del centro peninsular. Tal vez sea la falta de conciliación laboral y la toxicidad de la burbuja social. Porque Madrid, ciudad única y de ensueño, invita a la paz, y huir de ella es cuanto menos triste.


Pero más allá de reflexiones sobre lo que supone el fin de semana en una ciudad o en otra, creo que también puede haber algo de razón en el tener un hogar independiente. Y es que como hablaba con amigos hace escasas semanas, los romances madrileños quedan relegados a escapadas de fin de semana, porque no existe la intimidad del veinteañero que con sus mil pavos mensuales no puede ni compartir piso.


Aquí he encontrado una rutina sencilla que me produce cierta felicidad. Los sábados me levanto a las nueve, pongo una lavadora, recojo y tiendo la ropa. Aprovecho para organizar mis cosas y no más tarde de las once suelo quedar con Mari-Liis para ir a por un café a Paper Mill.


Ahora me gustaría añadir a lo anterior una salida larga. Quiero volver a correr medias maratones semanales, y el recuerdo de mis salidas madrileñas me invita a terminar de recuperarme de la operación y volver a tener una rutina sana y envidiable.


Sábado 12 de noviembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #457



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