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  • Carlos Pinedo Texidor

452 - Vuelta al curro.

Probablemente una de las mejores lecciones que he aprendido en mi primera experiencia en una startup es que nadie es imprescindible. Creo que esa concepción del sentirte imprescindible que venden y publicitan en algunas empresas como una virtud es justamente lo contrario. Insisto en esta idea porque es lo que vertebra el recuerdo de hoy, sentirse imprescindible se confunde a menudo con sentirse valorado, la primera es un engaño y la segunda es de fácil comprobación.


Pero más allá de valores y concepciones que hacen a un joven trabajador escoger trabajo, creo que es lógico pasar por las tres fases de lo que yo llamo el idilio laboral. En un primer momento todos nos sentimos inútiles, hasta que poco a poco el amor propio de uno le hace pensar que es imprescindible. Es en este segundo paso donde uno corre el riesgo de estancarse, porque como decía antes, nadie es imprescindible, ni si quiera el sol. Es entonces, cuando el joven suele acabar asumiendo que es prescindible, y de ahí en adelante, mediando suerte y esfuerzo, uno puede acabar sintiéndose valorado.


En mi caso, ha sido una montaña rusa de emociones. He de confesar que dada la naturaleza de mi trabajo sí que hay ciertos aspectos por los que hace un par de meses me consideraba imprescindible. Pero después de unas merecidas vacaciones me atrevo a decir que me equivocaba. Soy prescindible, pero sin embargo ahora sé lo muy bien valorado que estoy.


Creo que mi vuelta al curro, además de estar llena de tareas pendientes, me ha ayudado a entender que el curro no arde si uno desconecta una semana, y que más vale ser un guerrero en un jardín que un jardinero en una guerra, aunque ese ese otro tema.


Martes 8 de noviembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #452



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