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  • Carlos Pinedo Texidor

440 - Un vuelo tempranero.

Pocas cosas me gustan más que viajar de madrugada. Es un pequeño placer que se complementa muy bien con llegar al lugar de destino y por fin desconectar.


El jueves recogí a Gordo a las seis de la mañana, para así poner rumbo a la T1. Nuestro vuelo a Palma salía algo antes de las ocho, y después de un par de cafés estábamos sentados en el avión.


Una vez en Palma decidimos hacer lo que todo mediterráneo de bien debe hacer por lo menos una vez en la vida. Acudir al refugio de Café Pino para ahí disfrutar de las mejores croquetas de sobrasada del mundo.


Varios cafés y una breve siesta después dejábamos Son Veri para acudir a la llamada de la costa de Tramuntana. Allí, en aquel lugar que me descubrió mi amiga, hablé con Gordo de mis aspiraciones, y una ves más, volví a soñar con una casa frente al mar, una buena biblioteca y varios hijos de una misma mujer.


Algo más tarde de las ocho, con el sol recogido y la luna presumiendo, decidimos rondar por Valldemossa. Entre las piedras volvimos a imaginarnos en otro tiempo, y ni si quiera la cuenta de aquel griego nos hizo acordarnos del siglo XXI.

  

Es cuanto menos curioso disfrutar de un día en mi Mallorca privada. Un jueves de finales de octubre que sabe a principios de agosto, aunque esta vez sin romances de verano o amistades fugaces.


Jueves 27 de octubre de 2022

Mallorca, España

Recuerdo #440



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