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  • Carlos Pinedo Texidor

434 - Un viaje de vuelta.

Tallin está lejos, muy lejos, y no hablo solamente de lo cuantitativo, sino también de lo cualitativo. Y es que hacer un Tallin dirección Madrid es un viaje de unas nueve horas que agota el cuerpo y el alma.


El viernes me tocó salir de casa a las siete, y aunque mi avión no saliese hasta las nueve tengo pavor al aeropuerto de Tallin. Es una terminal tan pequeña que solo hay dos posibles escenarios, una cola inexistente o una que te hace perder el avión. Y ante tal riesgo prefiero ir antes e intentar leer y escribir antes de embarcar.


Costumbres viajeras aparte, el viernes fue especial. Mi querido Boli había prometido esperarme en la T2 y lo que yo no sabía es que mis amigos habían logrado reunirse para mi llegada. Después de diez horas de viaje (contando con el cambio de hora) estaba agotado, pero la promesa de una comida con Alfi, Gordo, Galvas y Boli me hizo rehuir de la siesta.


Comimos y bebimos, nos reímos de lo gordo que estoy y de cómo he pasado de ser el que más en forma estaba a ser una especie de ex futbolista de Hacendado. Bromas aparte, les intenté convencer de que el viaje a Tallin no es tan incómodo y duro como parece, y que las escalas no son para tanto. Dudo mucho que consiguiera mi objetivo, pero teniendo en cuenta que me veo varios años en el Báltico, no les quedará otra que ir a verme.


Después de un amago de siesta y un breve vino con una amiga acudí al evento más importante de mi día. La celebración del cumpleaños de una de las personas que más quiero. Una de mis queridas Casildas cumplía años, y ahí, en pleno Claudio Coello, después de varios meses, volví a ver a todas las personas que tanto quiero.


Me quedo sin espacio para hablar de grandes detalles de la noche que siguió, podría hablar del casino, de ese Café de Paris o de los amagos del bar de copas. Si hablara tantos sitios me dejaría decenas de conversaciones fuera, conversaciones que por cierto me hacen entender que a más de tres mil kilómetros todo sigue igual, y esos amores y enfados siguen existiendo, y esas amistades siguen queriéndote, aunque a veces cueste creerlo.


Viernes 21 de octubre de 2022

Madrid, España

Recuerdo #434



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