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  • Carlos Pinedo Texidor

428 - Un sábado en Helsinki.

La alarma debía sonar a las cinco y media, y parece ser que sonó, pero lo único que escuché fue a mi amiga Rem entrar en mi casa a las seis de la mañana. Menos mal que decidí confiarle una copia de mis llaves hace algo más de un mes, de no ser por eso, habría perdido el ferri de las seis y media rumbo a Helsinki.


En la capital finlandesa nos esperaban los dos Kaan y su colega Ercan. A eso de las nueve y media llegaríamos al pequeño apartamento que habían alquilado, y con un profundo cansancio deberíamos patear una ciudad que visité hace dos meses.


Una vez despertados y con un café a cuestas decidí tomar la iniciativa y recorrer las calles de una ciudad que recordaba más colorida. Tal vez el verano en Helsinki muestre sus verdaderos colores, pero la realidad es, que en pleno octubre, es una ciudad gris y oscura.


Debimos andar algo menos de veinte kilómetros, y con las piernas exhaustas y la cartera deshecha acordamos volver al apartamento a disfrutar de una sauna y una merecida siesta.


Algo más tarde de las seis volvíamos a salir sin rumbo. Acabamos en una hamburguesería que prometía más de lo que fue, y con la promesa de una gran noche fuimos en busca de un bar.


Acabamos cerca de la estación, en un amago de bar irlandés donde la cerveza no bajaba de diez pavos. Y ahí, en una terraza a ocho grados, varios turcos, un español y una estonia hablaban de la vida.


Ahora escribo esto desde mi sofá de la calle Jakoki. Apenas siento las piernas, tengo la cuenta bancaria en mínimos, y después de un viaje improvisado, breve e intenso, vuelvo a sonreír por haber huido de la M-30. Aunque he de decir que me ilusiona saber que en menos de diez días vuelvo al Metropolitano.


Sábado 15 de octubre de 2022

Helsinki, Finlandia

Recuerdo #428




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