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  • Carlos Pinedo Texidor

426 - El campo estonio.

Soy muy escéptico, tanto que a veces acaba derivando en ciertos matices soberbios e impacientes. Aun con ello, ese escepticismo es el que me ha hecho disfrutar de grandes momentos de mi vida, y por supuesto, al igual que hoy, aceptar que muchas veces me equivoco.


Hace varios años tuve en la universidad una asignatura absurda. De esas que son impartidas por alguien que jamás ha pisado la empresa privada y cuyo conocimiento práctico se limita a supuestos inventados. En ese contexto me enseñaron (o trataron de hacerlo) las diversas formas en las que se gestionan los equipos dentro de un entorno laboral. Y por fin, creo que puedo afirmar que había algo de razón en esa teórica absurda.


Hoy me he ido con mi equipo fuera de Tallin. Hemos puesto rumbo a un lugar llamado Kärde. En ese pequeño recoveco del interior estonio hemos paseado por un fangal precioso, y después de varios amagos de gestiones laborales hemos alternado saunas, baños calientes y anécdotas.


Entre conversaciones e ingentes cantidades de alcohol, mi jefe, mi colega y yo hemos acabado soñando en alto. Cada uno con su tema, pero todos con la esperanza de sacar adelante unas ambiciones que por muy diferentes que sean tienen un elemento en común.


Por fin he entendido que había algo de razón en esa gestión de equipos desde la humanidad y cercanía. Y por mucho que crea que hay que encontrar el punto intermedio entre mano firme y amistad, he de dar la razón a aquella profesora que tanto criticaba.


Puede que algún día sea yo quien tenga que lidiar con un equipo que roce la decena, y será entonces, cuando me acordaré de aquel día en Kärde.


Jueves 13 de octubre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #426




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