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  • Carlos Pinedo Texidor

425 - Rutina mañanera.

Aún trato de encontrar una rutina en mi reciente vida báltica. He probado decenas de pequeños rituales, pero pocas cosas igualan a mi querido café, gimnasio y ducha de mi vida madrileña. Es cierto que recientemente he tomado una decisión drástica y voy a empezar de cero. Eso del gimnasio a las siete ya no encaja, voy a volver a priorizar correr y estirar, pero esa es otra historia.


Normalmente me levanto entre las ocho y las ocho y media, y a eso de las nueve estoy sentado con un café en mi mesa de la calle Rävala. Pero desde hace dos semanas adelanté mi despertar media hora, y desde entonces dedico veinte minutos a sentarme en silencio cada mañana.


Dependiendo de mi antojo diario de café, adelanto el primero del día, y en el silencio más absoluto contemplo la cafetera hervir. Me sirvo una taza, y en un pequeño amago, juego a ser Marco Aurelio, pero sin saber griego, y mucho menos reflexionar.


Hoy miércoles me he propuesto empezar a escribir esas pequeñas ideas mañaneras, y es que desde la ventana de mi apartamento, una nube rosa que jamas había visto en otro lugar del mundo, me ha recordado la aventura que estoy viviendo.


Creo que he encontrado una nueva rutina que se basa más en el alma que en el cuerpo, y por primera vez en casi un año, siento que la promesa de volver a estar en forma necesita un esfuerzo espiritual que nunca antes había sentido necesario.


Miércoles 12 de octubre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #425




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