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  • Carlos Pinedo Texidor

419 - Un atardecer en la oficina.

Hace poco hablaba con mi jefe de esas pequeñas decisiones y sus matices. Y es que resulta paradójico, al menos en mi caso, cuanta más libertad y flexibilidad tengo mejor trabajo.


Cuando curraba en Madrid detestaba no tener la opción de telecurrar, y alguna que otra vez me tocó hacerlo a escondidas. Por eso, cuando recibí la oferta de mi actual curro se me iluminaron los ojos.  Tendría flexibilidad absoluta siempre y cuando residiera más de seis meses al año en Estonia, y claro, soñé con infinitas posibilidades.


Paradójicamente, como le contaba con un café a mi jefe, cuanta más libertad, más disfruto de la oficina. Y es que desde que empecé a currar en junio solo he teletrabajo tres semanas, dos desde Mallorca y una desde Madrid. Y más allá de esas excepciones, cada día voy a la oficina con ganas, porque como decía antes, disfruto sabiendo que mi decisión es libre y no obligada.


Pues bien, en esa libertad absoluta suelo escaparme de la oficina a las cinco. Normalmente vuelvo a revisar algún mensaje de Slack a eso de las nueve, pero lo hago por vicio, y no por obligación.


Además, una vez cada dos semanas suelo aprovechar la tranquilidad de la oficina y curro hasta las ocho o nueve. Disfruto con mis horas extra, porque lo hago por voluntad y no por obligación. Y un ejemplo de ello fue que ayer, cuando acabé viendo el atardecer desde la oficina, y entre la fría brisa báltica y una sensación de satisfacción, apagué el ordenador tres horas después de mi hora habitual.


Yo no sé muy bien qué es lo que hace que no sepa trabajar con tantas obligaciones formales. Puede que nunca naciera para ser un abogado tradicional, y puede que además de suerte, por fin me haya tropezado con ese crecimiento personal que en un entorno jerárquico resulta difícil de encontrar.


Jueves 6 de octubre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #419




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