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  • Carlos Pinedo Texidor

416 - Y al final caí.

Hay pocas cosas que me hagan sentir asco y rabia, y una de ellas es la obsolescencia programada. Me siento una inútil marioneta dentro del sistema, y atrapado como tantos otros, solo puedo quejarme ante una subida de precios generalizada donde cada vez somos menos dueños de lo que compramos.


Si viviéramos en un mundo ideal, todos seríamos capaces de arreglar nuestros móviles. Los fabricantes venderían piezas, facilitarían las herramientas necesarias y comprarse un móvil sería el último recurso. Sin embargo ese no es el caso, y una vez un móvil cumple los tres años, toca decir adiós.


Dentro de lo malo, Apple es el único fabricante que sigue ofreciendo soluciones a los tres modelos inmediatamente anteriores. Garantiza actualizaciones y ofrece servicio técnico. Pero todo ello, a cambio de elevar cada año el precio de unos teléfonos que superan los mil pavos.


Podría buscar miles de excusas para justificar mi compra de ayer, pero sería mentira. He tenido que comprar un nuevo iPhone porque no he sido capaz de reparar mi queridísimo iPhone 11 heredado. No he encontrado guía o piezas para cambiar la antena de cobertura, y es que desde hace varios años va soldada a la placa base, pero ese es otro tema.


No me gusta haber tenido que comprarme un móvil, y por mucho que a plazos no sea algo tan doloroso, saber que en dos o tres años me tocará hacer lo mismo, me hace sentir asco.


Al final caí, y para no enfadarme prefiero reírme porque después de mes y medio con el teléfono roto, puedo recomendar móviles a quien me pregunte. Por segunda vez en mi vida casi reniego de Apple, y he tonteado con Google, Samsung, NothingPhone y OnePlus, solo que esta vez, el peso de lo laboral me ha hecho primar un móvil desde el que poder acceder al Mac del curro.


Lunes 2 de octubre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #416






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