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  • Carlos Pinedo Texidor

412 - Lluvia y satisfacción.

Creo que puedo dar por válida una de las hipótesis que traía en mi mochila madrileña y es que después de cuatro meses he logrado hacer mío un refugio báltico. En poco tiempo iniciaré los trámites para constituirlo como primera ermita del mediterráneo moral en el extranjero, y si todo va bien espero obtener la bula del Cholo para el permiso de lugar de peregrinación.


Bromas y metáforas aparte, el jueves fue un día muy importante. Lo que parecía haber sido una alucinación termino de concretarse, y esa ambición desmedida por fin se veía satisfecha (al menos en cierta medida). Fue algo paradójico, ver como en un día de lluvia y frío, las buenas noticias eran las protagonistas, e incluso el sol tuvo que salir a bailar con ellas a eso de las doce.


Aquella hipótesis madrileña de la que hablaba, era una suerte de triste queja por la que pensaba que esa satisfacción fruto de la independencia no era algo fácil de alcanzar. Y es que ni si quiera en la distancia y trabajando en el sector con los salarios más elevados de Tallin evitaba mandarle una sutil indirecta a mi madre.


Una foto de mi triste nevera bastaba para recibir un pequeño rescate. Y es que esa nevera cuyos únicos huéspedes son un tarro de mantequilla, media docena de huevos y una bolsa de jengibre hacen a uno entender que con una inflación de más del veinte por ciento vivir es muy caro y tal vez ese café a siete pavos no sea tan buena idea.


Por eso, el jueves sentí una gran satisfacción cuando  asumí que esos rescates del día veinte seis de mes han llegado a su fin. Y que sí mis números no me fallan, este mes de octubre va a ser el primero en el que el alquiler y la luz no me dejen más tieso que al Atleti en un mercado de fichajes.


Jueves 29 de septiembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #412




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