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  • Carlos Pinedo Texidor

411 - Una cena en Noblessner.

En estas últimas semanas, mi querida Rem, (mote que he tenido que poner a mi amiga Mari-Liis por la jodienda que supone pronunciar su nombre), ha logrado que su amigo Kaan y yo hayamos formado una union mediterránea. Él desde su visión turca me recuerda que la única forma de entender el mediterráneo moral es con un mapa vertical, y yo desde mi mediterráneo castizo, le trato de convencer que Portugal es más mediterránea que Francia.


Con ese suerte de unión (o secta) mediterránea en el Báltico nos henos propuesto ensalzar y elevar a ritual la cocina y las sobremesas. Poco a poco Rem chapurrea algo de turco y otro tanto de español, y aunque ella no lo sepa cada día es más mediterránea.


Teniendo en cuenta esa obsesión por la comida y la amistad, nos citamos ayer en casa de Kaan. Un abuhardillado recoveco en una vieja fábrica de Noblesnner. Un puerto que llegó el epicentro astillero de la Rusia de los zares y más tarde lugar de pobreza y drogas hasta hace menos de diez años. Y es que Tallin, y en especial Noblessner son inversamente proporcionales a los países del sur. Unos entran en tiempos de gloria y otros salen de ellos.


Desde el rincón turco de Kaan disfrutamos de varios platos de difícil pronunciación. Hasta su otro amigo, también llamado Kaan, acabó maravillado por las delicias que salieron de aquella cocina. Y mientras tanto, Rem con alguna copa de más, trataba de volverme a romperme un pie que sueña con correr.


A eso de las dos ya estaba en la cama, después de una cena en la que celebramos éxitos laborales, quejas amorosas y un choque de culturas que cada día me hace apreciar más haber salido de una reluciente y lujosa burbuja como la madrileña.


Miércoles 28 de septiembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #411



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