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  • Carlos Pinedo Texidor

407 - Un sábado en blanco.

Alguna que otra vez he recurrido a la nostalgia para escribir un recuerdo de un día en blanco, y hoy, domingo de finales de septiembre, me dispongo a escribir sobre un sábado en blanco sin recurrir a ese viejo truco que tanto me gusta.


Ayer fue un día que prometía mucho y no fue nada. Pensaba ir a Telleskivi a ver si encontraba alguna pequeña joya con la que decorar mi salón. Iluso de mí acabé despertándome a la una, y después de unas lentejas contundentes, no me quedó otra que dormir con YouTube de fondo.


Mi pequeño salón está cogiendo forma y cada vez es más acogedor. He cambiado la lámpara de lado, y ahora tengo una manta con la que acurrucarme en una esquina. Me gustaría encontrar algún almohadón más, y a poder ser una alfombra para la mesa del comedor. Pero dejando de lado esos pequeños caprichos, creo que después de cuatro meses mi casa es algo más parecido a un hogar, y eso me alegra.


Pues bien, tendiendo en cuenta lo anterior, no tuve problema en pasar toda la tarde tumbado y acurrucado. Una especie de tarde invernal madrileña pero a finales de septiembre y a varios miles de kilómetros. Una tarde de sábado en donde el no hacer nada y la claridad mental fueron protagonistas.


Si soy sincero no me da tanta rabia como pudiera ser. Es cierto que tengo pendiente varías horas de edición del blog, que debería arreglar el formato del primer volumen de recuerdos y terminar de escribir la entrevista que le hice a mi amiga Marta. Pero con tanto por hacer, hay veces que uno necesita un sábado en blanco, y no pensar en todas esas aficiones que a veces parecen un trabajo.


Sábado 24 de septiembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #407



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