404 - A mí déjame ayudarte.

Hace algo menos de un año escribía en estos recuerdos sobre lo mucho que iba a echar de menos esas tardes libres universitarias. Me preguntaba en esos textos escritos a altas horas de la madrugada, si era posible huir de esa rueda que no cesa llamada vida laboral. Y es ahora, a tres mil kilómetros de esa cama que tanto me vio pensar, cuando escribo sobre lo mucho que cambia la vida en tan poco tiempo.


Nunca pensé que iba a acabar en la segunda capital más al norte del continente. Tan solo Helsinki está más cerca del ártico, y esos ochenta kilómetros tampoco son tantos. Ahora que lo pienso puede que Oslo esté algo más al norte, aunque tampoco cambiaría mucho la anterior observación.


Pero bueno, volviendo a ese título tan exótico y amplio que abre este recuerdo, hoy miércoles, por primera vez en mucho tiempo he llegado a una de esas conclusiones que marcan un antes y un después. Y es que siempre creí que mi amor por el trabajo partía de esas ganas de hacer y descubrir. Y ahora sé que me equivocaba, y creo que por fin entiendo que lo que me mueve y apasiona es arreglar y solucionar.


Esta pequeña reflexión surge a raíz de una conversación con el fundador de mi actual curro, donde entre anécdotas de boxeo, me atreví a asegurarle qué es lo que ocurrirá cuando solucioné uno de los muchos temas que tenemos pendientes.


Después de esa pequeña gran conversación, y volviendo a esos otros temas que son proyectos de mejora, entendí que la motivación por mejorar no era la misma que la de solucionar. Tal vez en otra vida fuera un boxeador de esos que solo saben pelear cuando están contra la cuerdas, de los que acaban perdidos en un ring de ocho por ocho.


Miércoles 21 de septiembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #404



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