401 - Un turco, un español y una estonia entran en un bar.

Si se me diese bien escribir me dedicaría entre otras muchas cosas a preparar chistes. De esos sencillos y olvidadizos que se repiten cientos de veces y casi nunca te acuerdas del final. Me gustaría saber juntar palabras y chascarrillos, y entre páginas de recuerdos escribir comedia.


Más allá de esos deseos que dudo se lleguen a cumplir, algo de lo que me he dado cuenta es de la facilidad que tengo para atribuir a pequeños momentos el grado de comedia. Y es que ayer domingo, un turco, un español y una estonia entraron a por un café, y desde esa terraza de Paper Mill, vimos varias escenas dignas de chiste.


El café de Paper Mill es maravilloso, de vez en cuando cambian el grano y el tipo de tueste, y ahora el cold brew tiene toques de fresa y el espresso cada día es más amargo. Tal vez por eso disfrutamos tanto ayer, y entre risas y anécdotas que podrían ser chistes, los dos mediterráneos nos reíamos de la estonia.


Como estamos en septiembre y empieza lo que yo me atrevo a llamar el invierno estonio, acabamos en casa de Mari-Liis. Tengo suerte de que su casa esté a diez metros de la mía, porque sin abrigo pasé frío, suerte que el calor del humor que tanto me gustaría saber escribir me mantuvo caliente.


Como todo chiste, y en especial como todo recuerdo, siempre hay algún detalle que es lo que hace a uno sonreír. Y ayer jugaba el Atlético de Madrid, y ese día tan maravilloso que iba para comedia acabó convirtiéndose en una broma de mal gusto.


Echo de menos a Diego Pablo Simeone, y hasta que no se encuentre, solo me queda pensar en ese chiste tan olvidadizo que empieza con un turco, un español y una estonia entran en un bar.


Domingo 18 de septiembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #401




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