396 - Batallitas nacionales.

Ayer fue un gran día, y más allá de los hijos de puta que juegan con la rojiblanca, me fui a dormir sonriendo. Del Atleti prefiero no hablar, porque cada vez dudo más de la obra y palabra de Diego Pablo, y revisando entrevistas de antaño no puedo evitar pensar que aquel Cholo del año dos mil trece escupiría al que ayer fue incapaz de hacer autocrítica.


Más allá de quejas colchoneras varias, salí de currar a eso de las cinco y media. Y después de un breve pero intenso encuentro de varios equipos del curro en un bar que me atrevo a elevar a mítico, acabé callejeando mano a mano con mi jefe, y otros dos pesos pesos pesados.


Una de las muchísimas cosas que me hacen estar orgulloso de la decisión que tomé al aceptar este trabajo, es que por primera vez me tratan como a un adulto. Y por mucho que no se crean que tengo veinticuatro, ese tuteo y trato entre iguales al compartir anécdotas me hace sonreír.


Podría añadir en este breve recuerdo pequeños detalles para mi ego, pero no merece la pena. Prefiero seguir dejando migas de pan para que el Carlos del día de mañana sepa a lo que me refiero cuando hablo de unas alitas picantes o de una estantería nueva.


Ayer a eso de las diez acabé con un neerlandés, un estonio y un finlandés en un bar dedicado a de Despeché Mode, y aunque suene a chiste amo,he decir que entre batallitas nacionales, quejas varias, y consejos que valen un grado universitario, asumí que la suerte me sonríe.


Martes 13 de septiembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #396



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