390 - Atleti, te quiero.

Hace algo menos de veinticuatro horas que el Atleti decidió hacerse carne a través de la redención de dos hijos pródigos a los que aún muchos no aceptan en el Metropolitano. Y yo, tumbado en el sofá donde ayer sentí profunda tristeza por no estar en la grada, me dispongo a escribir sobre un partido de los que marca época.


Siempre he pensado que los días de partido han de vivirse con prudencia y austeridad. Es absurdo concretar resultados y tratarlos como eternos, porque en esto del fútbol todo es impredecible, y en el caso del Atleti aún más.


Ayer Diego Pablo no terminó de encontrar la solución a nuestros problemas. Parecía que él había concretado un resultado, y no terminaba de funcionar. Podríamos decir que lo único que funciona es el fichaje de Witsel. También podríamos decir que Reinildo sigue mereciendo que me compre su camiseta, que Joao está hecho para grandes momentos y que Oblak ha vuelto, y aún con todo lo bueno que podría decir, el Atleti del Cholo sigue vagando perdido.


Y ayer entre tormentas negativas y un juego horrible, llegó un gol en el descuento de Hermoso, que a los pocos minutos provocó un penalti en contra, y con el uno a uno en el marcador, el hijo pródigo francés decidió sellar una remontada en el minuto ciento uno que va directa a los libros de grandes noches.


No sé qué habrá ocurrido en la iglesia cholista, esa fé que acompañaba a todos parece haber desaparecido, y contra todo pronóstico, los únicos creyentes son un hijo que pisoteó a la afición que le dio todo, y un antiguo madridista al que hace semanas muchos querían fuera.


No termino de entender muy bien qué pasa, lo único que tengo claro es que quiero al Atleti más que nunca, y a más de tres mil kilómetros, sigo viviendo mis jornadas laborales con nervios y entusiasmo, porque cuando juega el Atleti de Diego Pablo, soy feliz.


Miércoles 7 de septiembre de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #390



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