384 - Salir de casa.

Hace pocas horas que Leti, Babel, Julia y Jorge han logrado sacarme de casa de mis padres. Llevo todo el día trabajando con mayor o menor intensidad, y sin embargo no he logrado olvidarme del dolor que me acompaña desde mi chapa y pintura del pasado martes.

Aunque estos días me queje mucho, la verdad es que jamas había estado así de motivado.


Creo que estoy en el peor momento físico de estos últimos tres años, y la promesa de una recuperación con un tornillo nuevo, no solo me excita, sino que me emociona.


Salir de casa cuando uno está a escasos minutos de ir a dormir suele ser una suerte de cara o cruz con el destino. Me atrevería a decir que rara vez suele acabar siendo una noche normal, o es divertida o muy aburrida.


Nos reunimos en Miguel Ángel, bar que ha rellenado decenas de escenas de mis recuerdos, y ahí, en torno a una mesa, hablamos de todo lo que hace feliz a un joven madrileño, amor e ilusión.


Entre cervezas y recuerdos de un verano acabado, cada uno fue recordando escenas de su vida. Que si una quería una vajilla para su futura casa, que si otra busca cambiarse de trabajo, que si otro está enamorado de su perro, y yo, escuchando en la distancia, apreciaba por primera vez con ojos de visita la vida madrileña.


Me alegro de haber salido de casa, y es que rodeado de grandes amigos, uno puede acabar teniendo una admiradora a la que conocerá con un café. Y siendo sinceros, la facilidad para ligar es algo que hecho de menos de Madrid, y es que las mujeres mediterráneas me vuelven loco.


Jueves 1 de septiembre de 2022

Madrid, España

Recuerdo #384




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